Nubes de domingo o Pretty woman 2

Odiaba los viernes. ¿Espíritu de contradicción? Para la inmensa mayoría el viernes era uno de los mejores días de la semana. Para ella significaba entrar en una puerta giratoria y chocar con todos al salir. Así era su vida, siempre en contra dirección, como correr en sentido inverso al salir de una fábrica.Y es que tenerlo todo a veces significa tener nada, si ese todo no tiene nada que ver contigo. Debajo de su cara bonita bullía la rabia de tener que consentir siempre, de aceptar lo que le convenía cuando bien sabía que pagaba un precio muy alto por vivir en las nubes, sin tocar el barro, sin manchar su piel de realidad.

Odiaba los viernes, porque sabía que él estaría puntualmente esperándola, para hacerle revivir la misma película, una y otra vez. Con su invitación para el teatro y la cena reservada en el mejor restaurante. Sabía que después de la cena irían a bailar y la velada culminaría en la mejor suite, entre copas de champán y pétalos de rosa. Se sentía sola y terriblemente culpable de no agradecer ninguna de estas cosas. De esperar con ansia el domingo para despedirle en la estación y vagar, al fin libre por las calles, como la trotamundos que era, reinventando otra vez Pretty Woman.

 

 Autoras del texto:

Primer párrafo: Vivian (Cas Cass) http://bibilaurugualla.blogspot.com.uy/  

Segundo párrafo: Manoli VF http://www.lascosasqueescribo.wordpress.com

 

Nota: Casualmente, acabo de leer que el guion de Pretty woman se reescribió más de seis veces  y que en las primeras versiones el final era bastante diferente a ese final feliz que resultó ser un éxito taquillero.

 

 

El árbol de la vida

Microrrelato basado en la imagen /Ilustración: Mario Sánchez Nevado, Aegis-Strife.net

 

Cuenta la historia sagrada que, en el principio de los tiempos, cuando dios creó al primer hombre y a la primera mujer, dispuso para ellos un fabuloso Edén, con toda suerte de manjares y árboles frutales entre los cuales creó dios al árbol prohibido. El árbol de la sabiduría, por cuyas hojas circulaba la savia del bien y del mal, la misma que daba origen al conocimiento. Tras crearlo, dios tuvo a bien probar la fidelidad de sus criaturas y, para ello, colocó a este árbol en medio de todos los otros, señalándolo oportunamente con los símbolos que lo delataban, ordenando a la primera pareja de humanos que jamás comiesen del fruto que de él brotase so pena de perder su condición inmortal y ser desterrados por siempre del paraíso. De todos es conocido que, puesto que dios había creado a los dos seres a su imagen y semejanza, ambas creaciones respondieron a la duda que había nacido en el pensamiento del creador. Comieron del fruto del árbol prohibido y, al comerlo, tuvieron conocimiento de su efímera condición,  sucumbiendo a su vez a su propio pensamiento.  Si estas primeras criaturas hubiesen fijado su atención, en lugar de en su propia desnudez y vulnerabilidad, en los símbolos que dios había dispuesto en torno al árbol, la savia del conocimiento les habría hecho entender el prodigio verdadero del árbol de la creación.

La estrella de cinco puntas que aparece en la base del árbol, nos habla del perfecto equilibrio del ser con los elementos, en los que femenino y masculino se integran como un solo principio, lo mismo que el bien o el mal, lo material y lo inmaterial.

La armonía de los cuatro elementos se muestra también en las dos ranas situadas junto al mismo árbol, que en su transición de agua a tierra nos enseñan la mutación elemental, al igual que las setas, las cuales nacen en otoño, tras el fuego purificador del verano,  llevándonos a la recogida del fruto y  la cosecha sembrada.

Y es que el árbol de la vida es un árbol joven del que brotan todas las posibilidades: distintos cuerpos, masculinos y femeninos, jóvenes y ancianos, en permanente cambio, giran alrededor de él, enseñándonos el único y verdadero origen del universo:

 El pensamiento y la imaginación.

 

https://elbicnaranja.wordpress.com/2016/12/16/viernes-creativos-escribe-una-historia-2/comment-page-1/#comment-5640

Texto elaborado para el espacio Viernes Creativo (El Bic Naranja)

Teoría de las posibilidades

Anoche soñé que se me entregaba un folio en blanco para inventar de nuevo mi vida y diseñarla a mi gusto. Lo primero que pensé fue en fijar mi residencia en el sur, pero entonces me asaltó la idea de perder a nuestros amigos, e inventé que estos nos acompañaran. Después, me entristeció alejarme tanto de la familia y añadí también su traslado. Entonces, visualicé la triste estampa que compondrían nuestras casas abandonadas y decidí incluirlas en el equipaje; al hacerlo, me asediaron todos los recuerdos que dejaba atrás, en las calles y paisajes que había recorrido durante años y, ante la duda de llevármelos, decidí despertarme y usar el folio para escribir esta historia.

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Microrrelato incluido entre  los veinte finalistas en el VII Certamen de Microrrelatos Canyada d’Art 2016

Seleccionado y publicado en la antología del mismo nombre.

Fuera de control

La ayudé a cruzar la calle una tarde de invierno. Soplaba un viento helado que casi le arranca la bufanda. Me impresionó su debilidad, sus greñas blancas en terca rebeldía con su gorro de lana. Su mano casi esquelética empuñando con fuerza el bastón. Por un momento olvidé mi condición de autómata y la guie al otro lado de la acera.

–¿No tienes miedo de que te vean conmigo? –me preguntó, mirándome con sorpresa.

–¿Qué podrían hacerme?

–Reprogramarte, por ejemplo –fue su respuesta.

–¡Bah! –repuse con gesto de desprecio– Hace tiempo que no tengo memoria.

La miré mientras se perdía, encorvada, calle abajo. Increíble. Debería haberla denunciado por andar sola por las calles a su avanzada edad, más teniendo en cuenta que me habían nombrado inspectora urbana, pero… ¿Quién se acordaba?

A través del cristal

I

A través del cristal la noche cae. Las sombras tocan las copas de los árboles y las visten de negro. Alicia, que ha perdido la cuenta de las horas, ve una luz a lo lejos. Una ventana, como un faro en mitad de la oscuridad. Avanza hacia el resplandor sin preguntarse si es una ilusión, porque no queda tiempo para las preguntas. Está allí, al fondo, una luz, que parece desdibujarse a medida que avanza. ¿Dónde estaba?

   II

Se resiste al sueño, sigue buscando en el mar de la nada historias para sacarlas a la luz. Es muy tarde. Solo queda la luz de su habitación, recortándose en mitad de la noche. Le parece oír algo, pero no es más que una de esas voces surgidas de su imaginación. Un ruido, como un leve tintineo en el cristal, le hace mirar el reloj de la pantalla del ordenador: es la una y veintiocho de la noche. Hora de dormir.

   III

Alicia llega, casi extenuada hasta la ventana. Intenta alargar sus brazos que no son, en mitad de la noche, más que sombras dentro de más sombras. Le parece que está llegando hasta el cristal, cree ya sentir el roce frío de su superficie en la yema de los dedos, e intenta llamar con los nudillos medio congelados; pero entonces, la luz se apaga, y ella se queda perdida en su sueño.

 

 

CIENTO UN INTENTOS

Mi Quijotesca hazaña es hacer que me veas, con mi lanza bajando estrellas para dártelas. Un camino de símbolos a tus pies pongo ahora, querida Dulcinea. Que mi fiel compañero de ausencias te lo diga: si no he ensartado letras como quien cuenta días para que me leyeras y así, me dieras vida. Esta noche sin luna en la que me refugio es el silencio con el que me ignoras. Pero yo seguiré, más allá de estas líneas, reclamando una aurora. Con mi fiel Rocinante y mi fiel escudero: mi portátil, lector, y mi saco de sueños.

Microrrelato finalista en la primera ronda (47 primeros micros) en el VI Certamen Literario Canyada D’Art.

(textos recibidos: 447)

¡Despierta, Domfe!

¡Despierta, Domfe!

Otra vez ese cántico resuena en mis oídos. Noche y  día oigo a las mujeres invocar a Domfe, implorando la ansiada lluvia. Toda la aldea está cantando alrededor del viejo baobab. Los surcos en las frentes de los más ancianos son cada vez más profundos. Los niños tienen sed y hambre. Y lloran. Recogemos sus lágrimas y las vertemos sobre la tierra que circunda al grueso árbol para que lleguen hasta sus raíces y las despierten, a ver si estas sacuden todo el orbe y consiguen, a su vez, despertar al dios de la lluvia, que se ha dormido sobre África, convirtiéndola en polvo.

MVF

Microrrelato elaborado para el certamen de Casa África

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Marcas

 

Los ojos de Abebi son grandes y caudalosos. Cuando llora, toda la aldea recoge el agua. Dice mamá que su llanto es como el Nilo, una bendición para todos. Hoy Abebi está llorando más que nunca, y mamá me ha enviado a buscar cubos para recoger sus lágrimas. Pero por mucho que digan que el agua es una bendición, a mí no me gusta ver llorar a mi hermana. Ella dice que su rostro es suyo y no necesita marcas, pero el viejo sigue abriendo surcos de sangre sobre su piel que cierra a base de hollín azul. Afirma que es para protegerla de los malos espíritus,  pero yo no creo en una protección que hace daño. Cuando todos duerman, derramaré el agua de Abebi y nos iremos navegando con nuestra barca.

Microrrelato presentado  al cuarto certamen de Puro relato de Casa África

De ritos y otras memorias (I)

La cabeza del lagarto asomaba por un hueco abierto en el muro de piedra. Desde lo alto de la pared, yo afinaba la puntería, dejando caer a pulso una piedra plana que doblaba en tamaño el diámetro de la cabeza del  reptil.

Parece que lo estoy viendo esconderse, librándose por escasos segundos del golpe, para volver a salir de nuevo. Como niña que  era, me divertía tirando a darle, sin pensar en las consecuencias. Pero he aquí que, en uno de los tiros, el lagarto no se retiró a tiempo y el golpe fue perfecto: el pequeño reptil cayó fulminado boca arriba sobre el camino, para quedarse quieto para siempre.

El horror, con todas  sus consecuencias, se había abierto paso  mediante el juego,  mostrándome la crueldad del mismo. Aterrada, descendí del muro con presteza  y me incliné sobre el cuerpo de mi  improvisado compañero, en un  intento de atisbar en él algún resquicio de vida.  Pero era demasiado tarde. Su cuerpo  comenzaba a revestirse ya de la rigidez característica de la muerte.

  Sin dudarlo un segundo, eché a correr hacia casa para salir, poco tiempo después, portando una caja de zapatos vacía que improvisé a modo de ataúd, colocando al lagarto dentro con cuidado, y cubriéndolo con  la fina envoltura de su papel interior. Acto seguido, busqué un cuaderno sin estrenar y anoté una fecha: 30 de julio de 1978, y pensé en un nombre para honrar la memoria de mi amigo: el lagarto Pam. Me pareció un nombre bastante significativo (Pam-Pum, por lo del juego). Junto a la fecha y el nombre dibujé una cruz. Cuando terminé de redactar el certificado de defunción de su breve vida de héroe (“el lagarto Pam, muerto mientras jugaba al escondite en el muro”) me dispuse a enterrarlo.

Escogí una parte  del terreno de la parte posterior de la casa, en el que había un pequeño claro. Excavé una fosa con una paleta de albañil que encontré  en la bodega e introduje en ella la caja con el cuerpo del delito. Compungida, recé una breve oración al tiempo que colocaba en la  removida tierra una tosca cruz  armada con dos palos. Una vez hube terminado  el rito, me limpié las lágrimas, recompuse mi ropa y regresé con mi secreto al hogar, sintiéndome un poco menos culpable.

Una ensoñación

Después de un tiempo que no sabría precisar, Alicia abrió de nuevo los ojos, y pudo comprobar como la nieve había desaparecido y se encontraba rodeada de vegetación: pequeños setos y  plantas cuyas flores se  abrían al contacto de sus pies y  sus manos.  Asombrada, se preguntó si la realidad podía ser tan engañosa como sus miedos, o bien, eran sus miedos los que forjaban puertas de acceso a otra realidad; y, a medida que  profundizaba en esta reflexión, advertía como el espacio circundante iba cambiando en lo sustancial, hasta que se dijo: ¡Basta! y volvió a encontrarse bajo el mismo árbol que al principio, soñando su propia historia.