Todas las palabras

Podría escribir la carta más dulce. Recordando el traqueteo de la máquina de coser de mamá. Sus canciones, siempre alegres, tarareadas a ritmo de pedal. Un bordado. Un traspiés. Una postal. Una postal en la que estamos todos juntos, celebrando la vida como solo la pueden celebrar los que han salido de una guerra, de un tiempo de penuria, de jornadas durísimas de trabajo de sol a sol. Días de proyectos, doblados cuidadosamente en el fondo de las maletas: París. Suiza. Holanda. Alemania. Hoteles que os aguardaban para fregar platos y más platos, limpiar truchas, planchar manteles, asear habitaciones. Días de sueños en pisos compartidos. Días de escribir cartas, a deshora, entre faena y faena, a vuestros padres: Espero que al recibo de estas letras se encuentren todos bien. Noches en las que papá hacía guardias en la fábrica mientras mamá cosía. ¡Cuántos oficios no habréis sumado entre los dos! en ese tiempo en que papá fue camarero, portuario, fabricante de motos, mecánico de barcos y mamá fue niñera, costurera, cocinera, camarera de hotel. Y que ásperos los billetes que rozaban vuestras manos en los bolsillos. Que escurridizas las monedas que se escapaban de vuestro bote común nada más entrar. Sin domingos estuvisteis por esos mundos, que no os dejaban descansar. Mundos en pisos alquilados, sin cuarto propio, sin llaves propias ni intimidad. Y volvisteis. Con un puñado de monedas cosidas en el forro de los abrigos. Volvisteis para cuidar a vuestros padres, para ver crecer a los hijos en el lugar que os vio nacer. Para construir un hogar. Un hogar en el que allanar la tierra con vuestras manos y recoger piedras para alzar paredes. Paredes de una casa en lo alto del camino. Una casa en lontananza desde la que recordar. Desde la que criarnos a nosotras, vuestras hijas, que corríamos alegres por los pasillos oyendo el traqueteo de la máquina de coser de mamá. Nosotras, que nos columpiábamos tendiendo cuerdas en los árboles, construyendo casitas de sueños, hilando collares de margaritas en el mes de abril. Hasta que ya no fuimos cuatro, ni nosotras fuimos dos. Y ahora, ahora que parecéis mayores, cansados, seguís tan fuertes por dentro. Ahora, que vuestro vaso de dolor solo se drena con el amor que vuestros nietos y yo tratamos de empacar en cestas de alimentos, en llamadas de teléfono, varias veces al día, y que nos devolvéis con creces al por mayor.

Ahora sigo queriendo escribiros la carta más dulce. Una carta que me hubiese gustado escribir antes de nacer, cuando eráis jóvenes y estabais llenos de incertidumbre y soñabais con construir un futuro mejor. Cuando mamá corría de un lado a otro y no necesitaba más oxigeno del que podía tomar. Cuando los dos construíais un nido que nosotras íbamos a llenar. Cuánto podría haberos dicho en esa carta entonces. Qué felices seríais sabiendo lo orgullosa que me haríais sentir. Lo bien que estabais haciendo todo. Lo mucho que mi hermana os querría desde ese lugar invisible desde el que ahora os ve. Sin duda os escribiría una carta muy dulce diciendo cuánto os queréis. Cuánto me preguntáis el uno por el otro. Cuánto amor me enviáis entre los dos.

Y pienso que sí. Que estoy cumpliendo mi sueño y os estoy escribiendo una carta muy dulce. La carta más dulce que vuestros ojos no pueden leer. Y no importa que tenga que escuchar vuestras voces por un auricular, porque cada día puedo contaros cuánto os quiero y en estas dos palabras está todo el descanso de la vida, todo el regalo de los hijos. Toda la verdad.

Texto escrito para Zenda libros #NuestrosMayores

imagenNota

Tres micros

OVEJALANDIA

Las ovejas escuchan al lobo, porque han visto al pastor sacrificar sus corderos y vender su lana en el mercado

–Seguidme–dice el lobo– que soy vegetariano. No os faltarán pastos verdes.

Las ovejas van en masa detrás del lobo y hay alguna que, incluso, sueña con conquistarlo.

Efekt stada: Manipulacija masama je vrlo jednostavan posao ...

 

EROSIONES
–¿No oyes el ruido del mar? Preguntó la cumbre de la montaña al viento.

–Yo soy parte de ese ruido –respondió éste– y soy también parte de la grieta que en tu

costado está comenzando a abrirse.

COMO PINTAR OLA ROMPIENDO EN LAS ROCAS - YouTube

PERSONALIDAD MÚLTIPLE

El médico estudió con atención la imagen radiográfica antes de preguntar a la paciente:

-¿Y dice usted que puede ser muchas personas al mismo tiempo?

-No, doctor. Al mismo tiempo no, cada una tiene el suyo.

 

Pintores famosos: Paul Klee. Vida y obras. Expresionismo ...
Cuadro de Paul Klee

Micros escogidos para la XLV entrega de Difundir el microrrelato por Pablo Cavero 

https://www.facebook.com/pablo.caverogarcia.1/posts/3078242122227208

 

Todas las ventanas

Esa mañana todas las batas de plástico tenían dibujada una ventana a la altura del pecho. En el alfeizar alguien había dibujado unos tiestos desde los que asomaban unas flores con el rostro de sus tres hijos que, como girasoles risueños o caléndulas generosas, alargaban sus tallos hasta engancharse al hilo de la música que sonaba por el altavoz. Canciones infantiles tarareadas a coro al ritmo de la plancha desde el lejano cuarto de los años llenaban de oxígeno su corazón.

Texto elaborado para la web de escritores solidarios Cinco Palabras 

#ParaTiaunquenoteconozco

 

 

 

 

Barreras alzadas

No recuerdo exactamente en qué momento nos prohibieron pensar. Las vibraciones que emitían  nuestros pensamientos sobre el medio ambiente desorientaban a los pájaros y enrarecían el aire. Disminuían la energía eólica de los molinos y hacían que se agotase antes la carga de los teléfonos implantados. Si queríamos emitir un pensamiento propio no dirigido digitalmente teníamos que rellenar un formulario expresando el objetivo del mensaje y su destinatario. Este control se hacía también en parte para protegernos de posibles homicidas y terroristas que ideasen un atentado. Manifestar una opinión personal equivalía a ser señalado. Enseguida saltaban las bases de datos y se presentaban en tu casa para obligarte a renegar de tu pensamiento y entregar la multa correspondiente.  Supongo que nos acostumbramos.

Pasó el tiempo y, poco a poco, dejamos de comer carne. Nuestros músculos perdieron elasticidad y teníamos que ejercitarlos como las cuerdas de una guitarra. Nos turnábamos para vigilar las alubias que las ciervas del bosque insistían en robarnos. Tampoco podíamos tomar el sol ni bañarnos porque el agua del mar y de los ríos estaba contaminada y la poca agua potable que fluía a través de nuestros grifos estaba racionada. Nos desinfectábamos en grandes máquinas aerodinámicas que eliminaban en segundos cualquier mínima bacteria. Nadie del pueblo llano osaba tener descendientes, porque solo les estaba permitido reproducirse a los gobernantes. En cualquier caso, nuestra edad útil estaba cifrada por ley en un máximo de cuarenta años. Nos debíamos a la ciencia, que con nuestros ojos, piel, células sanas y huesos, recreaba en el laboratorio a las futuras razas. No había cementerios y las pocas cremaciones humanas que se realizaban era para reciclar en tejidos aquellos residuos que no tenían otro uso aprovechable.

Todo esto comenzó a suceder  poco tiempo después de que convocasen un concurso de cuentos con motivo de una gran conferencia mundial para frenar el cambio climático; por aquel entonces ya comenzábamos a presentir lo que pasaría, pero nuestras barreras mentales nos hacían creer que nuestros miedos eran imaginarios.

Relato escrito para Zendalibros.com 

#COP25

Cuando el ala del beso se desdobla

Cuando arriba la marea a la garganta

las palabras son peces que boquean
peces sin branquias ni pulmones
peces ahogándose en su propia flema.

Cuando el viento flagela impío la espalda
las piernas tiemblan, sin querer se doblan
y es ayer en todas las esquinas
y el hoy clava su espina en el ahora.

Cuando hiere la luz en los latidos
Cuando el beso destila su corola
Cuando todo no es nada y gira el mundo
Cuando el cielo se llena de palomas

Se aprende a caminar sobre la mar
y el viento carga el peso de tu sombra.

MVF©

01/09/2019

Una gota de agua

Una gota de agua es apenas un hilo de humedad en las manos

no resiste la espera ni remedia la sed.

Un abrazo de un día no condensa una vida

ni sostiene ese árbol que el viento  hace caer

pero una gota de agua puede ser un milagro

la señal que conduce a la fuente que aún está por nacer

el abrazo de un día puede ensanchar el cosmos

sujetar las raíces que sujetan los pies.

Una sola palabra no regala esperanza

una luz diminuta no sostiene la fe

pero el labio que besa crea palabras nuevas

borda esperanzas blancas de un nuevo amanecer

una luz diminuta trae un haz de luciérnagas

como estrellas que alumbran aquello que no ves.

Una sola promesa puede crear un mundo

Un solo paso abre un camino a otros cien.

Una sola persona no gana varias guerras

pero prende una antorcha que quizá algunos ven.

 

 

Resultado de imagen de fotos de gotas de agua

 

Pasando hojas

Supe que mi madre era una mujer árbol desde que era un niño. Siempre dejaba un rastro de hojas por casa. Las encontraba en el suelo, sobre las sábanas de su cama o en el escritorio de su habitación: hojas blancas repletas de letras negras, hojas rojas pintadas con tinta azul. Era un árbol capaz de estar inmóvil en las situaciones más comprometidas, en las que alcanzaba a hacerse casi invisible con su don de milagrosa quietud. En la adolescencia, viéndola temblar una tarde de otoño, semidesnuda, sobre un lecho de hojas doradas frente a la ventana cerrada de su habitación, le pregunté qué extraño viento la afectaba, estando como estaba al calor del hogar. Antes de que alcanzase a hablarme vi la respuesta en sus ojos, cuyo brillo apagaron de golpe las luces de los faros del coche de papá. Fue entonces cuando recogí las hojas del suelo y, con mucho cuidado, antes de que papá subiese, se las volví a poner. Al día siguiente, la animé a trabajar de mimo en sus horas libres, a seguir rellenando hojas blancas con tinta negra y, sobre todo, la convencí para llamar a tía Aurora, que era una maga de la restauración,  para que la ayudase a borrar todas y cada una de las manchas rojas y azules que cubrían su atlas corporal.

Resultado de imagen de mujer desnuda frente a lecho de hojas secas

Imagen tomada de la red.

Texto elaborado para el concurso de Zenda libros

#hombresyalgunasmujeres

Nube de octubre

No quise ser alacrán, porque mi sueño era otro.

Arena blanca en la orilla que el agua despierta y lleva.

No quise ser árbol quieto, porque todo en la vida se mueve.

Hojas caducas que el viento de otoño arranca y extiende.

No quise ser golondrina por no buscar el sol siempre.

Vida ambulante de nidos desmontados tantas veces.

No quise ser más que nube. Eterna forma cambiante:

elefante en plena selva, oso polar en la nieve.

Nube de algodón de azúcar, aunque el granizo me encuentre.

 

#Otoño.

Colaboración para el concurso de Zendalibros.com

Los ojos llenos de hojas

Los ojos se llenan de hojas

en cuánto el agua se seca.

Las lágrimas enquistadas

nunca quisieron ser perlas.

Es otoño, dice el río,

que baja lleno  de piedras,

es otoño, y yo pregunto:

¿En qué cauce va el agua

que no se drena?

Una raíz es mi cuerpo

que ha perforado la tierra

en una estación de ocres,

de hojas y de plantas secas.

Es otoño, dice el bosque,

y alarga sus brazos huecos

llenos de viento y de niebla.

Es otoño en los caminos,

en mis manos y en mis piernas,

es otoño y voy andando

tan entera como puedo

mientras mis pies van pisando

una alfombra de hojas secas.

 

Poema compuesto para el concurso de Zendalibros.com

Foto de autoría propia.