Los otros pájaros

Algunos árboles crecen en el cielo.

Arraigan por entre las nubes

y asoman sus largas ramas los días de viento.

En ellos se columpian los pájaros descarriados.

Los que han perdido el norte y el sur,

los que vuelan muy alto en la lluvia

y suben por encima del temporal.

Llegan cansados. A veces sin un ala,

Incluso sin las dos.

Tienen el tiempo justo de asirse a esa rama

que brota desarraigada de la tierra,

anclada únicamente de la intención.

Son los pájaros que no cantan.

Que miran en silencio a otros pájaros descarriados,

viéndolos caminar al revés,

buscarse en todos los espejos,

volando hacia la noche para encontrar el sol.

Son los pájaros que no tienen cobijo

y no siguen a los demás

porque su brújula no conoce límites

 y solo saben anidar en el corazón.

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La palabra omitida

Cansancio es una palabra que no se pronuncia.
Cuando declina el día y los laureles se tornan en cenizas,
Cuando se seca el agua de la fuente
y las manos excavan en su lucha
de encontrar el vergel en otro cauce
de abrir senderos donde surgen ruinas.
Cansancio es un sonido impronunciable
que el afán de la vida no permite.

Cuando los sempiternos petirrojos
abren sus alas oteando brisa
y chocan con los cables de las torres
de tensión sin que la gran bandada
cambié un milímetro su ruta,
cuando despunta el día en la ventana
sin saber de la noche, lenta, oscura,
cuando las manos se abren a la nada
cansancio es la palabra nunca dicha.

Porque hay un mar esperando veleros
porque hay un norte al que orientar la vida
porque estamos aquí hasta que el viento
nos borre de un plumazo como borra
la duna que se eleva terca, efímera,
porque nacimos para ser heridos
y curar con la sal nuestras heridas,
porque la tierra espera a ser labrada,
y las naranjas brotan encendidas,
porque el vientre del mundo es fértil, joven,
y contiene las almas aún dormidas,
porque el impulso sigue hacia adelante
cansancio es la palabra más inútil.

MVF

Fíos no camiño

Un poema en galego-castelán

FÍOS

Seica fomos de neve,
folerpas ateridas,
leves corpos de auga
que se funden
a beira do camiño.
Seica fomos de sal,
corpos de vento,
beizos resecos e feridos
que entreabertos buscaban outros beizos
para adquirir sentido.
Seica fomos de soños,
corpos rotos,
cachos de almas sen tino
onde o fogar se chama ventre, nai,
e vivimos durmidos.

MVF

HILOS

Quizás fuimos de nieve,
cuerpos estremecidos,
leves cuerpos de agua
que se funden
a la vera del camino.
Quizás fuimos de sal,
cuerpos de viento,
labios resecos y heridos
que entreabiertos buscaban otros labios
para adquirir sentido.
Quizás fuimos de sueños,
cuerpos rotos,
trozos de almas sin tino
donde el hogar se llama vientre,
madre, y vivimos dormidos.

Manuela Vicente Fernández

Imagen: retrato realizado con hilos y clavos del artista Kumi Yamashita
(http://kumiyamashita.com/portraits)

Retrato artístico con hilos y clavos realizado por el artista Kumi Yamashita

Una terraza con vistas

Siempre sabía dónde encontrarla.
La recuerdo tendiendo ropa en la terraza,
regando las plantas de la galería.
Le gustaban los geranios, cultivar su huerta,
la vida al aire libre.
Con brío llenaba el cesto de remolachas,
serraba leña, sacaba agua del pozo,
me enseñaba lo que sabía.
Por las tardes, en verano, al declinar el sol,
me dejaba recoger los huevos de las gallinas.
A su lado descubrí la naturaleza,
vi nacer y crecer corderillos.
El año en el que perdí el rumbo
no me dejó desnortarme
y me llevaba con ella a recorrer los caminos,
mañana y tarde venía a casa a buscarme.
Era mi tía y madrina.
Se llamaba Filomena y me dió siempre calor,
de la nieve no tenía más que su luz y blancura

A mi tía ❤

Las mujeres de mi casa

Las mujeres de mi casa eran capaces de llevar un cesto enorme lleno de remolacha sobre sus cabezas. Cavaban un huerto entero ellas solas de sol a sol. Cortaban leña, vareaban garbanzos. Nos contaban cuentos las noches de invierno, cantaban coplas mientras cosían y nos hacían vestidos extraordinarios. Tenían tiempo de reírse y lloraban sin avergonzarse. Bailaban pasodobles los días de fiesta y trenzaban lana a diario, cocinaban bizcochos de harina y huevo en moldes de lata. Hacían torrijas en cocinas de leña y leían las tardes de lluvia junto a la ventana. Bordaban nuestros nombres a punto de cruz en las servilletas, y preparaban ricas meriendas de pan con miel o agua y azúcar que nos sabía a gloria. Cuando estaban alegres contaban chistes a la sombra de los árboles y nunca dejaban mucho espacio para la tristeza. Cuando llegaba el frío nos hacían camisones de franela y llenaban bolsas de agua caliente para nuestras camas. Bajo la mesa de la cocina ponían braseros. No nos faltaba la leche caliente ni el arropo ni el beso al acostarnos. Cuando estaban ellas no existía el miedo. Eran Madres, abuelas, tías, hermanas. Eran mujeres rurales, que habían crecido amasando pan, cuidando del fuego, del huerto y de los niños de casa. Algunas se fueron a las ciudades y regresaron para cultivar su sueño de una casita en el campo. Las mujeres de mi infancia encerraban en sí mismas los secretos de la vida. Decir mamá era lo mismo que decir aire, pan, refugio, agua.

#MujeresRurales

(Dedicado a las mujeres de mi infancia y, en especial, a mi madre)

Cruce de caminos

Acababan de salir del hotel y Ursula miraba nerviosa a su alrededor. Estaba segura de que Leonardo aparecería para despedirse. Verlo y pedirle a Marco que le fuese a comprar la prensa fue cuestión de reflejos, los mismos que tuvo su amante de ocultar la rosa a tiempo de cruzarse con su esposo.

MVF©

 

Bater de olas

Quizá este experimento de min mesma,

este sentirme un pozo seco as veces

outras  charca de lodo, asolagada,

non sexa máis real que o pesadelo

que se esfuma de día, ou as pegadas

na area que o mar borra

intre tras intre,

ola tras ola,

sen que queden marcas.

Se este vago reloxo que bate no meu peito

contra as horas

non desanda a senlleira ruta

que me acórrala

Que valedoiro esforzo me secunda?

En cal reafirmación hei  de atoparme?

 

Traducción al castellano:

 

BATIR DE OLAS

Quizá este experimento de mi misma

este sentirme un pozo seco a veces

otras charca de lodo, anegada,

no sea más real que ese mal sueño

que se esfuma de día o las pisadas

en la arena que borra el mar

momento tras momento,

ola tras ola,

sin que queden marcas.

Si este sutil reloj que golpea contra las horas

en mi pecho

no desanda la única

ruta que me acorrala

¿Qué valioso esfuerzo me secunda?

¿En qué reafirmación podré encontrarme?

Renacimiento

―No quiero volver a la tierra―dijo el alma al guía―, en ese planeta uno envejece y se desgasta rápidamente. La gente está pendiente de mil y una necedades y tonterías; aparte de que no he visto en todo el universo planetario seres más toscos y tercos. Ridiculizan a todo aquel que trata de atraer su atención a lo primordial, dan por sentado que los astros están ahí para regirlos, encapsulan el tiempo y lo dividen en pequeñas celdas a las que llaman días, se pasan las noches durmiendo pero sin ser capaces de resetear sus sistemas. La mayor parte de los seres que allí habitan son unos grandes ignorantes. De hecho lo ignoran todo sobre ellos mismos, hasta desconocen las claves de su propio programa interno. Cuando enferman de algo serio sus doctores más reconocidos no hacen sino recortar trozos a sus cuerpos; hasta son capaces de extraerse órganos enteros o implantarse prótesis de diversos materiales en lugar de armarse de coraje y  buscar en su propio medio los actos y consecuencias que causan  su deterioro. No están dispuestos a cambiar, y ese es el handicap principal que arrastran: el de ser seres planos. Ni siquiera saben abstraerse y contemplar más dimensiones que las simples coordinadas que ellos mismos inventan. Por favor, Padre, no me envíe allí de nuevo. Ya he tenido más que suficiente con las setecientas vidas, sumamente agotadoras, que he vivido en ese caótico lugar sin pies ni cabeza.

―Olvidas que aún no has completado la misión que te fue encargada para realizar en el planeta azul.

―Bien sabe Dios que en cada viaje lo intenté. ¡No es culpa mía si no convenzo a la gente! He sido monje, fraile en misiones, predicador en el desierto… ¡Si incluso me tocó redactar la doctrina del catecismo siendo Claudio Fleury!

―Nadie te pide que convenzas a toda la gente, pero tienes que entender, hijo mío, que ni siquiera en una de esas vidas lograste convencer  a tus parientes más cercanos para que vendieran sus posesiones y las repartieran entre los pobres.

―¡Sus posesiones no me incuben! ¡Yo hice voto de pobreza y lo cumplí! ¿O es que soy acaso responsable de lo que hagan mis parientes?

―Sabes que sí.  Tu contrato fue escrito desde el minuto uno del génesis. Sabes que cuando aceptaste ser Adán tus descendientes heredaron el pecado original de tu soberbia.

―¡Pamplinas! yo lo único que les dejé fue la tierra para que la labraran.

―Pero tu estirpe pobló el mundo y sus obras te conciernen.

―¡Mi estirpe! ¡Pero si yo mismo fui creado del barro! ¿Qué podía hacer un producto de la tierra como yo?  Por más que me echéis la culpa creo que setecientas vidas dan para aligerar mi deuda…

―Solo una más.

―¿Para qué? ¿Qué es lo que se me pide en esta?

―Solo que te llames Eva, te cases con un Adán y puebles la tierra de nuevo.

 

MVF©

Wenzel Peter, Adán y Eva en el Paraíso Terrenal

Para la convocatoria de Zenda libros

#Historiasdeviajes